Enseñarles a Tener Criterio a Nuestros Hijos Badalona Cataluña

De no haber existido en nosotros la capacidad hereditaria para enfrentarnos a toda clase de dificultades y problemas en la vida, hace ya cientos de años que la especie humana habría dejado de existir...

Badalona  Herboristeria G
933997509
Santiago 35
Badalona, Cataluña

Esta Información es Proveída por
Assisteam Barcelona S.L.  
934555518
Mare Deu De Montserrat 239
Barcelona, Cataluña

Esta Información es Proveída por
Ferrer Gallegos E Hijos S.L.  
932325020
Ausias Marc 46
Barcelona, Cataluña

Esta Información es Proveída por
Bcx Educacio Maternal & Fisioterapia Madrazo, 46 - 1º 1ª  
932093019
Madrazo 50
Barcelona, Cataluña

Esta Información es Proveída por
Assistencia Familiar S.L.  
934140114
Brusi 39
Barcelona, Cataluña

Esta Información es Proveída por
Arenas Espinar Maria Dolores
933887472
Selva 23
Badalona, Cataluña

Esta Información es Proveída por
Assisteam Barcelona Av. Mare De Deu De Montserrat, 239  
934555518
Mare Deu De Montserrat 239
Barcelona, Cataluña

Esta Información es Proveída por
Gesex Atencio Domiciliaria S.L.  
934342830
Corsega 329
Barcelona, Cataluña

Esta Información es Proveída por
Mas Cuadrado Marcela
932009415
L'Avenir 39
Barcelona, Cataluña

Esta Información es Proveída por
Pastora Bembibre Sl  
932093019
Madrazo 0050
Barcelona, Cataluña

Esta Información es Proveída por
Esta Información es Proveída por

Enseñarles a Tener Criterio a Nuestros Hijos

Proveído Por:

Nuestros antepasados primitivos desarrollaron la capacidad de resolver eficazmente las dificultades tremendas con que se encontraron para poder llegar a subsistir. Es verdad que una buena manera de resolver los problemas es compartirlos, pero en la mayoría de los casos no es fácil hacerlo porque no tenemos al lado a ese ser humano dispuesto a ofrecernos ayuda. Por eso, es fundamental desarrollar desde los primeros años la afirmación verbal por medio del aprendizaje y enseñar al niño a tener un criterio propio que le permita hacerse fuerte frente a estados emocionales paralizantes como la ira, el temor y el pánico, que nos impiden pensar con toda claridad y eficacia. Capaces de vivir sin nosotros Es curioso que las personas que más manipulan desde niños sean precisamente las personas más inseguras. Tenemos todo el derecho a juzgar nuestro propio comportamiento, nuestras emociones y pensamientos y asumir con responsabilidad iniciativas y actos con todas sus consecuencias. Esto es así porque si nos dejamos llevar de la opinión de los demás, jamás sabremos a qué atenernos puesto que emitirán sobre nosotros tantas opiniones distintas, cuantas sean las personas que lo hagan. Hemos de enseñar a nuestros hijos a tener una opinión sobre sí mismos y a no dejarse influenciar, chantajear y manipular por los juicios positivos, negativos o neutros que sobre ellos emitan los demás. El niño debe ejercitarse en el derecho que tiene a la propia afirmación y tomar sobre sí, de manera gradual, la responsabilidad sobre su existencia, despojando a los demás de esa responsabilidad. En definitiva, de lo que se trata es de hacer a nuestros hijos capaces de vivir sin nosotros. La forma más frecuente de manipular al otro es la de hacerle sentirse culpable constantemente. Esta medida la utilizamos con demasiada frecuencia padres y educadores para que nuestros hijos hagan lo que deseamos por no soportar verse a sí mismos como seres culpables y dignos de desprecio. Pero esta medida es esencialmente nefasta, ya que enseñamos al niño y adolescente a albergar sobre sí mismo las mismas expectativas que alimentamos nosotros como manipuladores. En nuestro favor obligamos al niño a abdicar de su propia dignidad y del respeto sobre sí mismo y de ir adquiriendo la responsabilidad de gobernar plenamente su propia existencia. Vivir en libertad Puesto que educar no es otra cosa que hacer posible que nuestros hijos sean capaces de vivir sin nosotros, no podemos educar si no educamos en, por y para la libertad. En definitiva, enseñarles a tener un criterio no es otra cosa que educarles para la responsabilidad, para el amor y para el respeto a los demás, pero, también, para sí mismos. Los padres debemos saber asumir que la vida de cada ser humano le pertenece a él mismo y, en consecuencia, ni siquiera nosotros como padres, y mucho menos las demás personas, tenemos derecho a manipular, programar y organizar a nuestro gusto las vidas de nuestros hijos. Para ser “ellos mismos”, necesitan el respeto de quienes les educan y el ejemplo de actitudes consideradas y de libertad para emitir sus primeros juicios sobre personas, cosas y situaciones sin sentirse coaccionados. Sin duda aparecerán fricciones y tensiones entre la autoridad y la libertad que se suavizarán y superarán con facilidad si sabemos armonizar y conjugar la autoridad y la firmeza con la tolerancia y la comprensión. La libertad bien entendida necesita de la autoridad como apoyo ofreciéndole garantías de confianza y seguridad. Ni permisivo, ni autoritario La permisividad, el autoritarismo y el paternalismo, son enemigos de la afirmación personal equilibrada y del criterio propio. La permisividad como constante, termina por convertir al niño en un libertario. El autoritarismo hace de él una persona dependiente y conformista y el paternalismo lo debilita y manipula mediante el chantaje afectivo. A nadie se le escapa que todo aprendizaje de la libertad comporta unos riesgos que padres y educadores no tenemos más remedio que asumir si pretendemos hacer de niños y adolescentes personas responsables. En consecuencia, hemos de saber perder el miedo a la libertad para poder educar. La libertad, como todo, se aprende con el ejercicio. Es imprescindible que nuestros hijos empiecen a decidir por sí mismos, a tomar parte activa, a formar su propio criterio sin que, de entrada, los adultos demos por sentado que, como puede haber abusos, lo mejor es no darles ningún tipo de libertad. Hay que saber dosificar la cantidad de libertad que debemos dar a nuestros hijos para hacer posible esa reafirmación de la propia personalidad y el aprendizaje de la toma de decisiones por sí mismos. Aprender a dar libertad No es bueno generalizar, pero como orientación sugiero lo siguiente: hay que dar más libertad a un niño (o adolescente) a medida que vaya siendo mayor de edad, sea mejor su conducta y cumpla con sus obligaciones, demuestre una mayor capacidad crítica, autocontrol y sentido de la responsabilidad y nos haya demostrado mayor experiencia en el uso de esa misma libertad. Como acabamos de ver, sólo es posible que adquieran criterio propio, determinación, autonomía y afirmación de la propia personalidad si facilitamos las cosas para que nuestros hijos accedan al uso de la libertad de manera gradual, conjugando la autoridad, la comprensión, el amor y el respeto a tomar sus propias decisiones en la vida. La libertad necesita además la existencia de unas normas claras que den seguridad. El niño y el adolescente deben saber a qué atenerse. Por eso, el saber mandar es mitad ciencia y mitad técnica, y quien ejerce algún tipo de mando ha de tener bien claro que las normas impuestas deben ser educativas y no coartar el libre y sano desarrollo de la libertad en nuestros hijos. Proveido por: LaFamilia.info