Mejora tu aspecto: come bien, haz ejercicio, viste sexy. La imagen traduce cómo te sientes contigo misma y la gente con carisma se quiere, está a gusto en su piel y consigue, por extensión, que los demás estén cómodos con ella. Cuida los pequeños detalles como tus uñas, tus zapatos, el peinado… Haz gala de sentido del humor, sonríe y muéstrate feliz y esperanzada. La queja y la autocompasión repelen a la gente. Convéncete de que tienes atractivo: todos lo tenemos y sólo hay que desarrollarlo y cultivarlo.
También debes mantener a raya tus pensamientos: en lugar de quejarte por el cambio, adopta una actitud positiva ante lo nuevo. Y un detalle fundamental: date permiso para preguntar y entablar conversaciones con desconocidos, aunque empieces con preguntas banales. Si adoptas una actitud de sincero interés hacia los demás, conseguirás que la gente se sienta atraída a estar contigo.
Es importante eliminar esos pensamientos negativos y aprovechar la situación para practicar nuestras dotes sociales. Nadie se muere por un rechazo; lo importante es convencerse de que eres la persona más valiosa del mundo y darle la vuelta a la situación. Recuerda cómo te sientes cuando estás enamorada, el día que conseguiste el trabajo de tu vida o el premio que tanta ilusión te hizo, y practica esas sensaciones porque se reflejan en tu aspecto
y te dan aplomo.
El currículo perfecto
Hay que evitar un currículo con muchos ‘blancos’ –períodos de inactividad laboral–, con excesivos empleos o que sólo reflejan un mismo puesto de trabajo durante muchos años. En el primer caso, si, por ejemplo, se trata de un parón por maternidad, siempre se puede argumentar un deseo de afrontar esta experiencia con madurez y responsabilidad. Hay que ser sincero y, al mismo tiempo, encontrar la explicación adecuada a cada paso de la vida laboral. Una larga enumeración de empleos transmite poca seriedad: es mejor incluir sólo los que más interesan o agruparlos por sectores
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