Proyectos que no Deberías Aceptar Santander Cantabria

“El cliente siempre tiene razón”, dicen. Y es cierto que un profesional no tiene ningún futuro si no cuida a sus clientes. Pero eso no significa que haya que decir sí a todo, ni que tengas que aceptar cualquier proyecto...

Dehesa Y Rodriguez Campos S.L.  
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Jesus De Monasterio 25
Santander, Cantabria

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Asesoria De Empresas Centro Fiscal Avda. Calvo Sotelo, 11 Entresuelo  
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Servicios De Contabilidad Cantabria S.A.  
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Sangas 
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Martinez Cuevas Secundino
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Castilla 7
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Proyectos que no Deberías Aceptar

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Es verdad que son tiempos de crisis, y que no resulta fácil rechazar una oportunidad. Pero a veces es la mejor opción. Porque, como vamos a ver, aceptar un “trabajo ruinoso” puede convertirse en una de las peores elecciones para un profesional.

En FreelanceFolder han recopilado 10 tipos de proyectos que no deberías aceptar si no quieres perder tiempo, dinero, felicidad, salud y reputación…

1. No tienes ni idea de lo que el cliente quiere

A pesar de tus esfuerzos por entender qué es lo que el cliente necesita, no consigues salir de dudas. Preguntas, escuchas, demandas información pero, o bien no te responden, o bien las respuestas son tan vagas que no valen ni siquiera para realizar una planificación aproximada. Ese proyecto es de alto riesgo, y puede conducir a cualquier lugar menos al que a ti te interesa.

2. El cliente tiene fama de no pagar

Siempre es conveniente conocer bien el negocio del cliente para abordar el proyecto con la mejor información. Puedes aprovechar ese proceso para informarte, también, sobre la reputación del cliente. Sólo necesitas preguntar a otros colegas y darte una vuelta por Internet: página web, opiniones y experiencias en redes sociales, etc.

Si un cliente tiene fama de no pagar, lo más probable es que tampoco tú vayas a conseguir cobrarle por tu trabajo. Y si lo consigues, te va a costar tiempo y esfuerzo.

3. El proyecto implica realizar algo ilegal o poco ético

Es de suponer que no te has hecho freelance para trabajar con la mafia. Así que lo mejor es que rechaces cualquier proyecto que implique acciones ilegales o poco éticas. Las razones son varias: puedes verte metido en un lío; tu reputación profesional puede acabar por los suelos; y seguro que uno de tus objetivos -aunque sea secundario- es el de construir un mundo un poco mejor con tu trabajo.

4. Estás desbordado/a por el trabajo y no tienes tiempo para otro proyecto

Si aceptas un proyecto al que no vas a poder dedicar el tiempo necesario, el resultado final sólo puede ser negativo: el trabajo será un infierno, el cliente no saldrá satisfecho, y el resto de tus proyectos también pueden verse afectados.

Todos tenemos un límite. A partir de ese límite, desciende nuestra calidad de vida y la calidad de nuestro trabajo. Ser consciente de ello es imprescindible.

5. El cliente quiere que trabajes gratis

Esta es, sin duda, una dinámica peligrosa. Algunos clientes te pedirán trabajo gratis y, a cambio, te prometerán más trabajo en el futuro. Puede que sea cierto, y que merezca la pena hacer el esfuerzo inicial. Pero puede que ese trabajo futuro nunca llegue, y entonces habrás perdido tiempo y dinero.

El trabajo “gratis” debe ser una excepción, nunca la norma.

6. El cliente pide mucho -demasiado- y ofrece muy poco dinero

Es normal que el cliente sea exigente, pero no puede pretender que dediques a su proyecto todo tu esfuerzo y atención cuando apenas contribuye a tus ingresos.

A todos nos ha pasado: un cliente que genera poco dinero pero exige muchísimo esfuerzo. Lo más razonable es “huir” -educadamente, eso sí- de este tipo de clientes. Están ocupando el espacio de un cliente mucho más rentable (y seguramente más agradable).

7. No llegáis a un acuerdo sobre las condiciones del proyecto

Es importante arrancar el proyecto con un acuerdo.

Si después de negociar las condiciones con el cliente no alcanzáis ese acuerdo necesario, es mejor que abandones ese proyecto. Porque cuando no está claro lo que hay que hacer, cómo y por cuánto, los problemas no tardan en llegar.

8. El trabajo escapa a tu experiencia y tus conocimientos

No puedes comprometerte a hacer algo para lo que no estás capacitado. Ya lo hemos comentado: cambiar es importante. Es interesante probar con nuevos proyectos en nuevos campos de actividad. Pero no puedes hacerlo de golpe. No puedes arriesgarte a dar el gran salto de repente. Debe tratarse de una evolución/adaptación continua.

Si aceptas un proyecto totalmente ajeno a tu experiencia, vas a tener que doblar tus esfuerzos para conseguir un resultado mediocre en el mejor de los casos.

9. Sabes que lo que el cliente pide no va a funcionar

A veces el cliente insiste en realizar el proyecto de una manera que tú sabes, por experiencia, que no va a funcionar. No estamos hablando de pequeñas diferencias, de matices, ni de detalles de diseño. Es normal que existan distintos puntos de vista. Estamos hablando de una forma de hacer las cosas que tú sabes que se encamina hacia el desastre.

Debes tratar de explicarle la situación al cliente. Y si después de tus explicaciones sigue insistiendo en ese camino, quizá te conviene rechazar el proyecto.

¿Por qué? Porque a nadie le gusta “fracasar”. Y los proyectos que fracasan generan tensiones de todo tipo, y suelen aportar muchos problemas y pocas recompensas. Piensa en este ejemplo: a nadie le gusta pagar la factura cuando el proyecto no ha servido para nada…

10. El cliente se comporta de una forma brusca y con mala educación

Si el cliente te falta al respeto, y hace caso omiso cuando se lo haces saber, lo mejor es dejarlo. ¿Qué relación profesional puedes mantener con alguien que es maleducado, grita, insulta, interrumpe, etc.? No merece la pena.

¿Qué hace falta para tomar la decisión más adecuada?
Podemos concluir que para tomar la decisión más adecuada necesitamos, al menos, los siguientes elementos:

1. Información. Es mucho más fácil decidir cuándo cuentas con la información apropiada. Afortunadamente, ahora puedes obtener información sobre tu cliente y su negocio sin mucho esfuerzo. Él hará lo mismo contigo, es lo más normal del mundo. No hay ningún problema cuando no hay nada que ocultar. Al contrario: si tus proyectos anteriores -y los suyos- han funcionado bien, tomar la decisión será mucho más sencillo.

2. Claridad. Lo mejor es plantear de forma clara y directa cuáles son los objetivos y las condiciones del trabajo que vais a realizar. Es la manera más eficaz de evitar malentendidos posteriores.

3. Acuerdo. Si el punto de partida es un acuerdo, y las dos partes aceptan las condiciones, el trabajo se realiza sobre bases mucho más sólidas, y todo resulta más sencillo.

4. Respeto. El respeto es imprescindible en cualquier relación, también en el campo profesional. Realizar un trabajo honesto y de calidad es la mejor manera de respetar a tu cliente. A cambio, él debe facilitarte el trabajo, y debe pagarte lo justo en el plazo estipulado.

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