Responsabilidad, Disciplina y Orden en los Hijos Getafe Madrid

Se dice que el hogar es la primera escuela de nuestros hijos y es por esta afirmación que los padres debemos de enseñarle el valor de la responsabilidad, disciplina y el orden...

Responsabilidad, Disciplina y Orden en los Hijos

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Los padres no pueden estar siempre detrás del niño o del adolescente para hacerle cumplir las normas. Lo que se ha de lograr, mediante estrategias educativas adecuadas, es que estas normas estén tan arraigadas, que nuestros hijos lleguen a comportarse de una manera responsable también cuando no haya nadie que les indique lo que han de hacer o dejar de hacer. Padres, maestros y educadores hemos de establecer los lazos de afecto, consideración y respeto esenciales para el ejercicio, tanto de la paternidad como de la docencia. En la medida en que el respeto y el afecto hacia el niño sean una realidad palpable, captará y aceptará las normas disciplinares tanto en casa como en la escuela. Establecer límites Para lograr que el niño acceda a comportamientos responsables es imprescindible establecer unos límites muy claros pero razonables que le den seguridad al tiempo que le ofrezcan alguna libertad de elección. Se ha demostrado experimentalmente que el niño se percata de que sus padres se comportan con firmeza porque les importa, porque le quieren de verdad. El niño conoce muy bien que él no sabe valerse por sí mismo y que necesita esa seguridad de saber que hay alguien encargado de su vida y de su cuidado. Así puede aprender y experimentar con las dificultades que le vayan surgiendo desde una base segura. Es fundamental que el niño, ya desde los primeros años, sepa qué es exactamente lo que se espera de él. Esto le dará seguridad, pero es evidente que esas normas y límites establecidos han de cumplir unos requisitos: 1. Que sean sencillas y simples. Huir de lo complicado. 2. Que sean justas. 3. Que el niño tenga muy claro cuáles van a ser las consecuencias si no las cumple. 4. Que apliquemos las normas de forma coherente y fundamentalmente justa. Buena conducta Cualquier niño aprende a comportarse, principalmente de sus padres, hermanos, y demás familiares, así como de sus maestros, compañeros de clase, vecinos, etc. Es decir, que la conducta, buena o mala, se aprende, no se adquiere de manera natural. En realidad, la palabra disciplina significa aprendizaje y constituye el medio más adecuado para que los padres consigan que sus hijos aprendan a comportarse de manera adecuada. Veamos cómo debe ser la buena disciplina. 1. No tiene objeto prolongar la ansiedad del niño tras cometer una falta; la disciplina debe ser inmediata. 2. El niño se sentirá culpable cuando ha quebrantado una regla, cuando ha hecho algo malo y debe aprender que una conducta errónea o peligrosa tiene sus consecuencias, al menos la que se deriva del castigo. Error cometido y disciplina deben estar unidos para que el niño no pase demasiado tiempo abrumado por las consecuencias de su comportamiento. 3. Además de inmediata, la buena disciplina ha de ser lógica. La coherencia educativa es fundamental para propiciar seguridad al niño y no desconcertarlo constantemente como es el caso de esos padres que en ciertas ocasiones aprueban un determinado comportamiento del niño o les es indiferente, y, en otros casos, reprenden severamente el mismo comportamiento. Esta falta de coherencia enseña al niño a desconfiar de sus padres y de las normas dictadas. 4. Otra característica de la buena disciplina es su firmeza y seguridad, es decir, que inexorablemente tras una determinada falta o error, con toda seguridad se producirá el correspondiente castigo o acto de reflexión e invitación a corregir la mala acción. Los niños que saben por experiencia que las amenazas constantes de sus padres terminan por no cumplirse, no aprenden a ser disciplinados. 5. Se debe poner en práctica en cualquier momento, situación o lugar. 6. Hay padres que se sienten como avergonzados si tienen que corregir una mala acción de sus hijos y se limitan a decir, «en casa hablaremos». No critico este modo de proceder, que casi siempre resulta provechoso, pero me parece más adecuado que se llame al hijo a un rincón de la estancia o se le saque al pasillo mientras pedimos disculpas a nuestros amigos o invitados y le hagamos las reconvenciones y correcciones necesarias... in situ, sin dejarlo para después. Así, tras la falta cometida reflexionará de inmediato. 7. Tiene que ser justa. Si de manera accidental mancha la camisa porque le salpicó un poco de comida al pretender pinchar un trozo de carne, considerará injusta una reprimenda desmesurada, un comentario hiriente como “eres un sucio”, “no consigues estar limpio jamás”. Por el contrario, si ha faltado deliberadamente al colegio o ha pegado a su hermano menor, su propio sentido de la justicia le hará reconocer que merece una buena reprimenda. 8. Ha de ser positiva, es decir, que ofrezca alternativas, soluciones, apoyos, de manera que fortalezca el entendimiento, el diálogo y los vínculos afectivos entre los padres y los hijos. En ningún caso es positivo humillar al hijo, hacerle sentirse como un ser despreciable o que es incapaz de hacer nada bien, porque las insultantes y despreciativas palabras del adulto se convertirán en profecía que llegará a cumplirse, al reducir al mínimo su autoestima y el sentimiento de valía y de competencia. 9. La intensidad debe estar regulada y adaptada al desarrollo evolutivo del niño, a su personalidad y a su grado de sensibilidad. Un niño introvertido, muy sensible y poco seguro de si mismo no soportaría una grave reprimenda sin padecer un considerable daño psicológico. Sin embargo, otro niño, seguro de sí, abierto y de fuerte personalidad recibiría provechosamente una buena reprimenda merecida, sin sufrir daño alguno. 10. Finalmente, toda buena disciplina ha de conseguir su propósito que es enseñar una buena conducta. Actuar con coherencia Educamos a nuestros hijos para la libertad, pero la verdadera libertad sólo se consigue cuando uno es responsable de sus actos, «se hace cargo” de sí mismo y es capaz de vivir con independencia y autonomía. El orden y la coherencia en la conducta, sólo se adquieren tras un largo período de ejercicio y entrenamiento en comportamientos responsables y disciplinados. Dejar a los hijos hacer su voluntad y capricho sin marcar unos límites ni establecer unas normas que les den seguridad, les convierte en seres irresponsables o inmaduros, incapaces de encontrarse a sí mismos y de encontrar un puesto en la sociedad, al carecer del necesario orden interno. Por: Bernabé Tierno Proveido por: LaFamilia.info