Trabajo: Hacerlo Perfecto Bilbao País Vasco

A la hora de realizar una tarea, un proyecto o un trabajo, siempre debemos tener en cuenta los dos extremos de la cuerda: la CALIDAD y la RAPIDEZ. Para mayor información continúe leyendo el artículo...

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Trabajo: Hacerlo Perfecto

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Hay un momento crítico en el que tendremos que decidir: “¿Sigo mejorando o “libero” el proyecto?”. Es una pregunta clave para nuestra actividad, y la respuesta depende en buena medida de nuestra filosofía de trabajo.

Entre los dos polos existe una fuerte tensión que debemos resolver. A todo el mundo le gustaría que su trabajo fuese perfecto, pero lo que está claro es que, si tenemos que seguir trabajando hasta que todo sea perfecto, lo más probable es que nunca lleguemos al plazo de entrega comprometido.

Calidad: tu credibilidad está en juego

No puedes entregar un producto que no funciona. Tu cliente no va a aceptar que le entregues un trabajo deficiente y lleno de errores. La calidad de tus proyectos es una parte básica de tu credibilidad como profesional.

Rapidez: no llegar a tiempo no es una opción

Esto no es como el taller de un artista. No puedes dedicar todo el tiempo que quieras a completar tu obra de arte. El desarrollo de Internet no ha hecho más que acelerar la velocidad a la que las empresas deben renovar sus productos, sus servicios y sus propuestas de valor al cliente.

Y esa presión llega directamente a los profesionales independientes: tus clientes van a exigirte que entregues el trabajo en un plazo muy ajustado para que ellos, a su vez, puedan llegar a tiempo al mercado.

Resolver la tensión

¿Qué es más importante? ¿Entregar un trabajo bien hecho o llegar a tiempo a la entrega comprometida? A primera vista, parece complicado resolver la tensión entre calidad y rapidez, pero quizá no lo sea tanto.

Basta con saber qué variables son inamovibles:

Ajustar el alcance del proyecto

Si, como sucede habitualmente, el plazo de entrega es fijo, y no admite modificaciones, entonces está claro que debemos ajustar el alcance del proyecto. Si hay que entregar el día 2 y completarlo todo es imposible, tendremos que determinar qué es lo que podemos hacer para el día 2.

Es importante explicárselo al cliente. En realidad, éste puede ser un excelente ejercicio, porque nos ayuda a saber cuáles son las partes realmente esenciales del proyecto. Si tenemos que renunciar a algo, dejaremos aquello que es accesorio, superfluo o simplemente, menos importante para el resultado final.

Incluso es posible que estemos liberando de lastre al proyecto, porque muchas veces trabajamos en detalles que requieren mucho esfuerzo y luego no aportan casi nada al usuario.

Modificar el plazo de entrega

En otras ocasiones, el cliente no estará dispuesto a renunciar a ninguna de las funcionalidades y apartados previstos para su proyecto, por lo que el único camino posible será el de posponer el plazo de entrega.

Esta opción suele resultar bastante más complicada, y es posible que el cliente no acepte. En tal caso, solo cabe renunciar al proyecto o, lo más habitual, trabajar a marchas forzadas para completar el “esqueleto” del proyecto en la fecha fijada. También en este caso deberemos tener en cuenta qué es lo esencial, para no perder un tiempo precioso en los detalles ni en las tareas accesorias.

Como es evidente, los “remates finales” quedarán para un poco más adelante, y así habrá que negociarlos.

Modificar el precio

Aunque la hemos dejado un poco de lado, es evidente que existe otra variable: el precio. Pagando más dinero se puede contratar a más profesionales para que intenten acabar a tiempo. El problema es que, para empezar, los clientes no suelen estar dispuestos a pagar más y, sobre todo, que aumentar el número de recursos no garantiza que el trabajo se va a realizar bien. Las nuevas incorporaciones necesitan tiempo para conocer el proyecto, para adaptarse al resto del equipo… Y los problemas de coordinación y comunicación se disparan.

Es verdad que aumentando la tarifa se puede “convencer” a un profesional para que dedique muchas más horas al proyecto. Pero por muy motivada que esté una persona, tiene un límite de atención y concentración. Si se ve obligada a trabajar 14 horas seguidas, la calidad del resultado final se va a resentir bastante.

Filosofía tradicional: foco en la calidad

Hasta hace poco, la mayor parte de las empresas se han concentrado en realizar productos y aplicaciones sin errores. Para conseguirlo, han desarrollado departamentos de testing y de calidad, han incorporado complicadas metodologías de trabajo en el funcionamiento de la organización, y han adoptado un gran número de trámites y mecanismos de control para evitar cualquier defecto.

En estas organizaciones, todo está perfectamente planificado, pero se han olvidado de algo fundamental: todos estos trámites ralentizan muchísimo la entrega del producto, y dificultan la introducción de cambios. Hoy el mercado no está dispuesto a esperar. Si la competencia llega antes, aquello que hemos construido ya no tiene ningún sentido. Es como un “cadáver”, un producto que ha nacido muerto. Con la velocidad a la que se suceden los cambios hoy, el plazo se ha convertido en la variable esencial. Llegar tarde es como no llegar.

La filosofía ágil: foco en la rapidez

Para dar respuesta a esta nueva situación, algunas empresas, sobre todo procedentes del ámbito de Internet, han apostado por una filosofía ágil ; es decir, una forma de trabajo que les permite reaccionar con agilidad frente a los cambios.

Su propuesta es sencilla: menos trámites, menos metodología, equipos más reducidos y mucha velocidad. Lo fundamental es llegar a tiempo. Por eso trocean las tareas y las realizan mediante pequeños sprints, no posponen el plazo de entrega, sino que ajustan el alcance del proyecto, y no esperan a que todo esté perfecto para ponerlo en funcionamiento.

Aprender sobre la marcha. Uno de los grandes descubrimientos de la filosofía ágil es el del entrar enseguida en contacto con los usuarios. Cuanto antes pongamos el producto o la aplicación en manos del usuario, antes podremos obtener un feedback real. Eso nos dará la oportunidad de mejorar con datos reales, no con presunciones y teorías de laboratorio. A partir de ahí podremos ir creciendo.

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